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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Amar la VIDA gracias a la muerte

El título de mi post de hoy os puede resultar curioso, pero es bien cierto. Os cuento...

Hace unos días, en este puente que acabamos de pasar, estaba en casa, cosiendo, en mi sofá, calentita y con la tele encendida. Casualmente, estaba viendo las noticias de La 2.

En ese momento el telediario tocaba a su fin, y ya sabéis como va el tema, en esos instantes se habla de cultura, curiosidades o hemeroteca televisiva. Ese día se hablaba de la festividad de Todos los Santos, y de los Fieles Difuntos.


En La 2 aprovecharon para entrevistar a Marta Sanmamed, que es la autora de una curiosa obra (libro, en este caso) titulada "Aquí yace...o no", y que habla de los cementerios españoles; anécdotas, curiosidades...en fin, un mapa acerca de la muerte en este país, un panorama de lo que queda de nosotros en los cementerios cuando ya hemos pasado a "mejor vida".

La cosa estaba bien. Ella hablaba de los epitafios llamativos, algunos simpáticos, como el de una tumba en la que podía leerse “En el que esta tumba mora, dígalo quien lo dijera, nunca fue tan calavera como lo es ahora”. La verdad, eso sí es tener sentido del humor. ¿Humor negro? Puede ser, pero humor, al fin y al cabo... En otro, errático por supuesto, podía leerse “Vive en la paz de Dios. Tu fallecida esposa e hijos te recuerdan”. A saber si su fallecida esposa le recordará desde el más allá, o estará rezando para que no la encuentre en esa otra vida...jajajajaja.

A posteriori he leído que también se mencionan en dicho libro curiosidades sobre algunas tumbas y algunos cementerios, por ejemplo las tumbas de los gitanos, siempre llenas de flores, como las de los chinos, muy adornadas. En este caso, tiene su lógica, van a sus bazares y todo les sale barato...

Os traigo este aperitivo, porque esta lectura me puede resultar tan amena como cualquier otra, y tal vez de este modo os abro apetito a vosotros para leer sobre todas estas cosas. Pero, en realidad, la señora Sanmamed dijo un par de cosas en esa entrevista que fueron las que me calaron y me han hecho llegar a este post, y a la reflexión que os planteo.

Comentaba que las personas que tienen presente la muerte, son más felices que las que evitan hablar de estos temas o la ven como algo que no sucederá. Precisamente, esas personas, al ser conscientes de lo efímero de su existencia, aprovechan cada momento como si fuera el último: viven con intensidad.

Yo me considero una de esas personas.

Hace unos años tuve que acudir durante unos meses a una psicoterapia, cuando comencé a tener arritmias. Estaba desolada, y creía que la vida se me escapaba entre los dedos. Tenía muchos problemas personales, y eso incidió negativamente en mi cardiopatía. 

En la primera consulta, recuerdo que el psiquiatra comentaba a mi expareja lo siguiente:

Todos tenemos presente que algún día vamos a morir, pero Cristina, por su condición de cardiópata, lleva siempre encima una especie de "lucecita" que le recuerda la muerte de forma más consciente. 

Esta frase, para qué negarlo, me impactó.

Cuando era niña y me pasaba los días en médicos y mi hospital de Madrid, La Paz, no existía la asistencia psiquiátrica ni psicológica para los niños ingresados. Mis padres siempre trataron de criarme para que desarrollase las mismas capacidades que mis tres hermanos sanos, de modo que, muchas veces, yo solita lidiaba mentalmente con mis miedos, y efectivamente, la muerte estaba en esos miedos cada noche. Puede parecer muy duro para una niña de corta edad, pero cuando naces enferma, eso forma parte de ti, tanto como el juego, la risa, o la respiración. No conoces la vida de otro modo, así que no es tan terrible. Duro, sí, pero no sintáis lástima. Se afronta con relativa normalidad.

Así que, efectivamente, yo siento la muerte como algo que está a mi lado cada día, es una amenaza que va conmigo a cualquier parte, por el mero hecho de haberme acompañado desde una edad tan temprana. Y por eso, para mí cuenta tanto cada día.

La oportunidad de ver salir el sol, o dejar que la lluvia me empape el rostro, un café con mis amigas, un viaje, aunque sea cercano y corto, la sonrisa y los hoyuelos de la persona que amo, un baño relajante a última hora de la noche, etc...todo eso tiene un significado que pocos apreciáis en su justa medida, que es mucha. No quiero que tengáis que pasar un calvario para que estas cosas cobren significado para vosotros, pero, por favor, pensad que somos muy afortunados por tener tanto como tenemos, y perdemos demasiado tiempo en sacar defectos de aquello que no los tiene, o no tantos como creemos. Las carencias solapan muchas veces momentos mágicos, y luego no se puede volver atrás para revivir lo pasado. No es demagogia, es la realidad.

Marta Sanmamed...no tengo ni idea de quién es, de si este es su primer libro o no, no sé a qué se dedica. Pero, para mí, ya es sabia por la lección que ha sabido extraer de la inmediatez de la muerte. Espero haberos ayudado a vosotros a apreciar la vida un poco más, por muy poquito que sea.
Buen día y mejor tarde. Y...¡hasta la próxima!

2 comentarios:

  1. Cristina, es muy humano y sincero tu artículo. Le mandaré tu link a la autora porque seguro la va a gustar. Un abrazo y antes de morir VIVE!

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    1. Gracias Fernando...supongo que la conoces, entonces. Mi enhorabuena por ese libro...y puedes estar tranquilo, pocas personas viven tan intensamente como yo...

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