Sígueme por mail!

martes, 25 de abril de 2017

MIS AMADOS HIJOS

Carmen y Gema,  por ese orden. O Gabriel y Gema. Tal vez Pablo y Gabriel. O todos los dúos o tríos de esos nombres que se os ocurran ahora mismo. De apellido primero,  no sé. De segundo Rivas,  como su madre. Esos son mis hijos. Mis hipotéticos hijos…
Parir un hijo no te hace madre... 


Tuve a Gema con 27 años. Me habría saltado el embarazo sin dudarlo,  lo único que quería era tenerla entre nosotros por fin. Ahora tiene casi 17 años,  y se parece mucho a mí. Es testaruda y muy activa. Habla por los codos. Como yo. Y es muy guapa. En esto último se parece a su padre, el hombre de mi vida: mi amor.

Pablo es el pequeño. Tiene 14 años recién cumplidos. Es un chico muy bueno,  pero no quiere estudiar. Llevamos media vida luchando para que se esfuerce. Pero no hay manera,  es tan disperso y vago,  que es imposible imaginar que algún día llegue a terminar su formación. Pero tiene el don de mis hermanos. Es muy creativo. Adora la música y toca bien la guitarra. También se le da bien eso de escribir. Tal vez llegue a cumplir mi sueño frustrado y sea escritor. O periodista. O las dos cosas… Creo que nunca le he dicho que tiene que perseguir sus sueños…

Yo tenía 27 años,  sí. Y con esa edad lo supe. O quizá lo supe toda mi vida. Ser madre y cardiópata congénita,  son dos cosas casi excluyentes.

Siempre puedes ser mami adoptiva Cris -  decían mis amigas.

Qué difícil hacer entender cómo era mi vida,  cómo será siempre. Ser madre adoptiva o biológica es lo mismo cuando tienes una enfermedad… no sólo piensas en el esfuerzo de tus próximos nueve meses,  sino mucho más en los años de vida que te restan. En todos los trabajos que requiere educar y criar a tus hijos,  y enseñarles qué pasaría si tú te enfermas o te vas. ¿Qué os parece?.

Recuerdo a Pepe,  a mi querido Doctor Oliver una mañana de Octubre, en su consulta de Madrid. Fue la primera vez que un médico me habló de la maternidad. Me dio un NO rotundo. Me dijo que un niño era un riesgo para mi malformado corazón. Que era un riesgo para ese niño. Que debía ser cerebral en ese asunto,  y que no debía ser madre.

Y hubo lágrimas,  claro que las hubo. Y pensamientos absurdos,  en los que yo me veía diferente e inferior al resto de las mujeres,  por esa posibilidad imposible de la maternidad. Cuando la tormenta pasó, simplemente salí de aquel bache pensando en el mundo que se abría ante mí sin la necesidad o la obligación social de ser madre. Había imaginado algunas veces cómo serían mis hijos; buenos o malos,  dulces o bárbaros,  nobles o delincuentes. Pero pasado ese duelo de lo nunca sucedido,  hice lo que siempre: mirar hacia el futuro con otro prisma,  sin pensar en lo nunca conocido. Me imaginé siendo la tía de mis sobrinos,  y la tía postiza de todos los hijos de mis amigos y amigas. Un buen papel para la pequeña obra de mi paso por este mundo 

Un niño en tu barriga supone un volumen de sangre añadida que debe bombear tu medio corazón. Un peso para soportar por tu medio corazón. Un cuerpo que crece dentro de ti,  y que empuja tus vísceras,  y por ende, tu dilatado corazón. Un parto que pone a prueba la resistencia de tu insuficiente corazón. Nueve meses de tu vida que pueden hacer que se detenga ese corazón…

No es sólo ese embarazo,  sino los cambios que puede provocar en tu vida para siempre.

Y si ese niño se queda huérfano nada más nacer? Y si nace con una cardiopatía congénita? Yo sé bien qué supone ser cardiópata, no quiero traer un niño para que pase lo que yo pasé. Ni loca.

Y si sobrevivo al embarazo,  aún sabiendo que algún día mi Fontán fallará? Podré estar en un hospital y ser valiente pensando en el sufrimiento de mi hijo?. Ni loca.

La vida es sencilla cuando uno está sano. Todo fluye. Trabajas mucho,  tienes momentos difíciles,  te esfuerzas en todo para llevarte a veces decepciones,  pero tienes salud. No te cuestionas lo más esencial,  porque la vida te parece un derecho congénito,  y no una lucha constante por el mero hecho de sobrevivir. Pero para todos los que somos diferentes,  cuestiones como la que hoy abordo,  y otras más prosaicas,  cada pequeño hito es fruto de muchos esfuerzos y luchas propias y ajenas. Y cada día eres consciente de ello,  y cada segundo te esfuerzas por vivir al máximo y ser feliz,  inmensamente feliz.

Y Así sucedió que nunca conocí a Carmen, a Gema,  ni a Pablo o Gabriel. Y tampoco los echo de menos. Porque tal vez si ellos estuvieran,  yo no. Y por lo tanto,  no serían felices. Y de ese modo,  habrían incumplido la primera enseñanza de su madre: Vivid y sed felices. Pero,  por encima de todo,  no os olvidéis de vivir.

lunes, 10 de abril de 2017

CARME Y SU CORAZÓN EJEMPLAR

Carme Chacón,  pasando revista a las tropas,
embarazada de ocho meses,
en la toma de posesión del cargo de
Ministra de Defensa 
Se nos ha ido Carme Chacón. Y digo NOS desde nuestra condición de enfermos del corazón. Se nos ha muerto la primera Ministra de Defensa que ha tenido este país.

Carme se lleva mucho más consigo de lo que hoy todos los informativos cuentan. Su convivencia con una cardiopatía congénita va más allá de la sencilla noticia de su muerte,  y trasciende hasta el punto del intento de los demás por comprender qué significa padecer una enfermedad así.

Ese ejemplo de personalidad fuerte y luchadora tiene una explicación intrínseca en su enfermedad, igual que el hecho de convivir siempre con una espada de Damocles sobre su cabeza,  esa advertencia de lo efímero que todas las personas enfermas compartimos,  y que nos hace ver la parte más amable de nuestras existencias a diario como ella explicaba en una entrevista al respecto,  a finales de 2015: 'Para mí la vida es un privilegio. Tengo una cardiopatía congénita y eso me hace pensar que todos los días son un regalo'

Demasiado joven para irse - 46 años recién cumplidos -  ha sido de esas mujeres que admiraré siempre. La recordaré con su pequeño Miquel en su barriga embarazada de ocho meses, pasando revista a las tropas de nuestro ejército, y me sublima su coraje,  pues aunque pareciera que todo iba bien y sucedía de forma natural,  su corazón diferente tuvo que sufrir mucho con tantas cargas físicas,  políticas y emocionales,  a la par que un sinfín de responsabilidades. Pero los seres de otro planeta,  las personas con luz propia,  son así.

He leído hoy mismo que era una mujer 'concienzuda, muy trabajadora, cabezota y valiente'; alguien a quien sus compañeros describen con todos los adjetivos que yo valoro en una mujer, y más en una cardiópata; la valentía por encima de todo. Eso invisible que muchos intuyen,  pero que con una enfermedad así,  convierte cada día en un salto hacia el vacío,  sin saber qué te espera al otro lado. Una lucha que entiendo y hago mía,  pues es una carrera de fondo que nunca se termina.

Carme deja huérfano a su pequeño Miquel de 8 años. Pero ese niño tendrá siempre en su recuerdo a esa madre desafortunada,  que decidió traerlo al mundo desoyendo los consejos de sus médicos. Quizá esa parte sea la menos entendible dentro de toda su existencia. La incompatibilidad entre maternidad y cardiopatía,  y ese acto contradictorio nada recomendable.

Todo en Carme me ha hecho pensar así mismo en la malograda Pilar Miró, que también se fue por una cardiopatía,  y que también dejaba un hijo huérfano. Pilar,  'curtió su carácter combatiendo la presencia de la muerte con una obstinada y optimista voluntad de vivir'. Estas palabras las dedicaba la prensa a esa otra mujer decidida,  trabajadora y valiente. Porque una cosa es ser persona y trabajar,  y otra muy distinta es hacer ambas cosas con un corazón diferente,  y esa cualidad que yo agito como bandera propia,  y que no es otra cosa que VIVIR,  como ambas repetían.

Descansa,  Carme,  estoy segura de que hoy media España lamenta tu pérdida,  y los que tenemos corazones que juegan en otras ligas,  esperamos que tu muerte y tu vida,  sobre todo tu vida,  nos abra caminos para seguir adelante. Siempre. Con esa misma valentía que tú nos has regalado...

viernes, 7 de abril de 2017

NO ERES TÚ, SOY YO

No sé ni cómo he llegado hasta este momento de paz para sentarme en este alto a reflexionar. Detrás queda un camino largo,  que incluye muchas vivencias,  suficientes pensamientos,  demasiadas historias,  las contadas por mí y las escuchadas de otros.
¿Es esto lo que queremos?
¿Cuántas víctimas más vamos a ser?

Desde aquí observo una tropa de soldados en un campo de batalla arrasado. Apenas queda alguno en pie. Todos arrastran heridas más o menos profundas. Los más débiles agitan banderas blancas en señal de redención,  los valientes escaparon del frente hace tiempo... Algunos saldrán de este infierno con daños irreparables, otros siguen luchando sabiendo que esta es una guerra perdida...

No hay armas,  ni tanques,  ni trincheras. O,  al menos,  no como los hemos visto tantas veces en las noticias,  o en los libros de historia.

En esta guerra nadie gana y nadie pierde. O todos ganan y todos pierden. Aquí el enemigo puede ser cualquiera,  depende del bando que ocupas tú; estás en un flanco o en otro,  y prácticamente es imposible que seas imparcial. Si cualquier soldado te cuenta su particular infierno,  es difícil que te mantengas al margen; de alguna manera, tú ya has estado en un conflicto similar,  y también has sido uno de esos soldados...

Este es un escenario duro,  difícil de creer,  teóricamente lejano. Pero la realidad es bien distinta. Esta podría ser tu propia vida:
El campo de batalla es una época de tu existencia,  las armas son los sentimientos y, muchas veces, los gestos,  las palabras... La trinchera que habitas es tu propio hogar. Y esa tropa,  tú mismo,  el enemigo - desde tu lugar - sois tú y tu expareja...

Y esta es la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Una sociedad desmembrada,  gravemente herida,  con muchas cargas emocionales difíciles - aunque no siempre imposibles - de curar. 

No es una metáfora escrita a la ligera,  es una observación del entorno en el que habito. Si bien ya no soy cardiópata,  sigo siendo soltera,  o mejor dicho,  permanezco en el club de los desemparejados. 

Llevo tiempo observando,  meditando,  elucubrando. Todos arrastramos un pasado,  aquella mochila de la que hablaba George Clooney en su papel de alto ejecutivo en UP IN THE AIR. Se está bien solo,  haces lo que quieres,  vas y vienes,  tienes mejor calidad de vida que muchas personas que conoces. Pero algunos días echas de menos un abrazo,  la proximidad de otra piel,  y también el sexo con la delicia de la intimidad compartida. Sin embargo,  miras a tu alrededor y qué encuentras? Vacío. Absoluto vacío.

Ausencia de compromiso,  de lealtad,  de empatía y confidencialidad. Una falta tremenda de educación y respeto. Parece que esto es un juego,  nada serio,  en el que todo vale. Nadie respeta a nadie,  nadie confía en nadie. Porque nadie te ofrece un mínimo de confianza.

Vivimos relaciones de quita y pon,  de superlatividad de lo superficial. De expreso un sentimiento,  pero realmente no siento nada. Me importas hoy,  pero lo más probable es que mañana no. Vivamos aquí y ahora,  yo pronuncio amablemente las palabras que tus oídos quieren beber,  y tú me miras embelesada,  consciente de que todo es verdad,  y yo soy la persona que tanto tiempo quisiste tener a tu lado...

Está de moda el "no eres tú,  soy yo" de las películas de sobremesa,  el "seamos amigos"  del patio del colegio, y mil formas de excusa infantil, que lo único que ocultan es la fórmula para quedar bien y sacudirse el barro de la batalla,  que siempre termina por dejar huella en la persona que de verdad te quiere.

Deshojamos margaritas machacadas por las bombas de la indiferencia. Tú crees que mi dolor no me duele,  así que da igual que me lo provoques. O eso crees.

Sabes qué es una putada? Pues tú eres una fábrica de putadas,  de egoísmo,  de interés desmedido por ti mismo. No te importa mentir para conseguir lo que quieres,  y como parece que tus palabras y tus actos no tienen consecuencias,  sigues siempre el mismo camino.

Y finalmente,  nos damos cuenta de que somos un ejército de zombies que difícilmente volverá a creer en el amor y, a veces, también en la amistad cómplice. Nos cubriremos de un manto lo suficientemente grueso para pasar desapercibidos. Tristemente,  se nos secará el alma,  porque nuestro espíritu necesita alimento, y la maldad ajena no es la mejor vianda. Y finalmente,  esa cúpula invisible que nos rodea,  no permitirá la entrada de la más mínima señal de esperanza... 

¿Me he ido? No,  en absoluto,  nunca he estado más viva,  jamás he sido más consciente de mi mundo. Pero la optimista crónica que habita en mí,  está rodeada de soldados heridos. Y está cansada de luchar también en esa guerra,  nuestra guerra,  la de todos los que,  cada día,  cada vez,  vemos más difícil volver a enamorarnos. Y lo único que pido,  que pedimos,  es que lo pongamos todos más fácil. Las relaciones no son tan complicadas...somos nosotros quienes hacemos imposible lo fácil. Porque todo es más sencillo de lo que parece: sólo hay que querer... querer hacer, querer sentir, querer querer...

Tenemos que dejar el pasado en el pasado,  dejar de elucubrar sobre el futuro y vivir el presente. Y volver a soñar; ilusionarse y ofrecerse a los demás. Con cautela,  sí,  pero también sin desconfianza. Y poquito a poco,  conquistar otros corazones,  otras pieles,  otros recuerdos. Huyendo, eso sí,  del enemigo seductor que se disfraza de posibilidades.

Porque no soy un juguete,  puedo romperme en mil pedazos,  no soy un realmente un soldado,  si disparas,  las balas de tu actitud llegarán a mi cuerpo y lo harán trizas. Y recuerda siempre que, si me quieres,  no querrás hacerme daño ni verme llorar jamás...


sábado, 10 de diciembre de 2016

366 NUEVOS DÍAS

Hace un año cerró los ojos para siempre. No sé a qué hora lo hizo, ni en qué lugar...


Nuestras vidas se cruzaron por un instante, tal vez incluso nuestras derrotas. Se durmió...

Quiero pensar que no sufrió. Que no supo que se iba. Quiero imaginar una sonrisa, una vida plena antes de la partida.

Hoy podría pensar en mí, pero sólo puedo pensar en ella...

Eran las 13:24h del 10 de Diciembre de 2015. Un día más en mi espera. Hacía poco más de quince días que había pasado consulta en A Coruña. Me habían dicho que mi corazón nuevo estaría pronto conmigo. Y sólo fui capaz de pedir una Navidad más. Con mi familia, con mis amigos. Tenía miedo de iniciar un camino sin retorno; David, uno de mis médicos del Equipo de Trasplante, me miró. Y no respondió. Supongo que, ya entonces, sabía que eso casi sería imposible. Tendría una nueva Navidad, sí. Pero muy diferente a la que esperaba.

Durante todo 2015 pensé en la muerte cada día. La vida y la muerte están separadas cada instante por una línea finísima. Nadie quiere hablar de la muerte, pero para mí ha estado siempre ahí presente. En esos meses de espera mucho más. A diario, en cada gesto. Cuando estás mal, cuando el cuerpo no responde, cuando piensas que todo puede quebrarse en unas horas...es así. Es más fácil de explicar que de comprender. Pero es algo quem, con certeza, nos llegará.

Y llegó. En un día normal y anodino...

No hubo fuegos artificiales. No hubo una gran despedida. No salió en los telediarios, ni creó nada que no existiera ya. Me afectó a mí, y a ella. A muchas otras personas de nuestro día a día. Pero, aunque ese día yo me hubiera ido con ella, el mundo seguiría girando. Alguien me enseñó una vez que los cementerios están llenos de gente imprescindible.

Me despedí de muchas personas, como pude dejé un mensaje a toda mi gente. Llegué a A Coruña, y cuando quise darme cuenta, me dormí. Y para cuando desperté, mi vida ya era otra. Pepito latía con fuerza inusitada en mi pecho, y mi viejo corazón reposaba en algún lugar esperando una autopsia que le hiciera más grande todavía.

Hoy celebro que han pasado 366 días desde entonces. Y me encantaría estar plenamente feliz, pero como me pasó aquella tarde, no puedo dejar de pensar en ella, en su familia, en la otra cara de esta historia. Mañana se reunirán y la echarán de menos, aunque todas las vidas que regaló, mitiguen parte de ese dolor.

Es un día más para muchas personas, y mientras tanto, será un día especial para otras tantas, entre ellas yo.

Hoy nacerán muchos niños, alguien se enamorará, alguien conducirá un coche por primera vez. Alguien se irá, alguien soñará con viajar a otros planetas. Un chico pisará la nieve y sonreirá... Muchas personas pasarán el día hospitalizadas... En algún lugar, alguien recibirá un corazón nuevo, sin saber que yo pasé por lo mismo un año atrás.

Y, creedme, hoy es mi día, hoy soy inmensamente feliz. Pero ella latirá en mi interior, en lo más profundo de mis pensamientos. Como lo hace, cada día, desde que nos dejó.

Gracias, mi ángel. Gracias a ti por regalarme, con tu partida, un rincón de tu vida. Gracias a tu familia por permitir esta nueva oportunidad para mí. Soy una mujer muy afortunada, y sé perfectamente que tu corazón tiene que ser cuidado, por el valor incalculable que tiene cada movimiento que hay en él y en el ejercicio de este gran regalo.

Sigue durmiendo tranquila...yo cuidaré siempre de ti.

GRACIAS por regalarme tiempo para todos los sueños que me quedan por cumplir...



jueves, 28 de abril de 2016

VIVIR Y "CONCILIAR"

Hola a todos y bienvenidos de nuevo a mi blog. Gracias por respetar mis largas ausencias, fruto de mi enfermedad primero, y de lo muy ocupada que estoy en estos momentos. ¿Haciendo qué?, os preguntaréis. Y de la respuesta que engloba esta sencilla cuestión, hoy versa este post. Espero no dañar sensibilidades...
La realidad de mi vida, en estos instantes, es muy diferente a lo que siempre imaginé cuando era niña. Estudiar una carrera, tener un trabajo, un sueldo digno, un novio a la antigua usanza (noviazgo-boda-hijos), y así ver pasar los años con una vida montada como a la sociedad gusta. Así que el reto de ser yo, de ser independiente a pesar de mi antigua enfermedad (¿sois conscientes de que ya no soy cardiópata?), y parte de todos esos retos, se fueron cumpliendo a medida que pasaron los años. Era una buena estudiante, una persona comprometida en mi paso por la Universidad... Me diplome en Estudios Empresariales, hice mil cursos relacionados con esos estudios, y me hice Experta Universitaria en Dirección Financiera al cabo de un tiempo, cuando ya trabajaba en la empresa privada. Mi carrera profesional fue muy satisfactoria, y cuando mi corazón falló, mi mundo se derrumbó a la espera de nuevos acontecimientos.

Como ya todos sabéis, en Diciembre llegó mi nuevo corazón, y con él una nueva vida. Nos estamos conociendo todavía, pero ya me ha enseñado a caminar sin cansarme, a subir y bajar escaleras con la saturación de oxigeno casi al 100% - algo impensable para mí hace un año – y lo más importante: a comprender cuál es el verdadero sentido de la vida, lo que de verdad importa, lo único que nadie nos puede arrebatar: VIVIR.

Y vivir, es para la mayoría de los mortales siempre lo mismo. El día a día, trabajo, familia, amigos, vacaciones... Momentos buenos y momentos malos. Momentos regulares. Y los años pasan, y...¡de qué manera!. Pues bien...vivir no es eso. Vivir es más que eso, muchísimo más. Y si antes siempre me poníais como ejemplo de positivismo, energía, y disfrute de mi propia existencia, ahora lo estoy mejorando. Quisiera vivir 140 años, como dije a mi padre la semana pasada, teniendo, eso sí, un 80% de tiempo para ser joven. Joven como ahora, ni más ni menos.

Por todo esto, he recordado algo que me pasó el año pasado, cuando estaba ingresada en el Hospital Meixoeiro. Os lo cuento, ya que en esta anécdota, reside hoy la salsa de mi post.

Una tarde vino a visitarme mi amiga Mónika (sí, sí...con K). Traía, como de costumbre, una sonrisa de esas que no se olvidan, y su forma de ser, ácida, sincera. Es una de esas mujeres que no te dejan indiferente. Su personalidad es arrolladora, fuerte, muy inteligente y directa. Vaya...a mí enamora desde siempre.

Estaba hablándome de la maternidad, del trabajo, de la enfermedad superada de su marido, y entonces abordó el trabajo femenino, ese que llamamos el de “fuera de casa”. Si os fijáis, nunca se dice de un hombre que trabaja fuera de casa. Se sobreentiende. Pero como tradicionalmente las mujeres éramos las que estábamos en casa y ellos los que mantenían la economía familiar, en nuestro caso hay que diferenciar entre ambas tareas.

En un momento dado, Mónika me comentó que ese trabajo, así como la conciliación familiar, son fruto de un truco de las clases gobernantes para aportar mano de obra barata a un país. La madre que la parió...cuantísima razón tiene la condenada, y por qué no se me habrá ocurrido a mí esa especie de síntesis resumida, sobre un tema que ha dado siempre tanto que hablar.

Efectivamente, la mal llamada conciliación familiar, no existe. Conciliar es un verbo que no se puede conjugar en familia, porque si tienes un papel en la sociedad, interpretar otro y hacer bien ambos, es imposible. Uno de ellos siempre se verá sacrificado y reducido por el otro.

Si yo lanzara la pregunta al aire: ¿Cuántas os quedaríais en casa, si vuestras parejas tuvieran un sueldo capaz de asumirlo?... lo dejo ahí, flotando en el limbo de las preguntas, y os cuento lo que yo siento.

Desde niña, mi madre, de profesión ama de casa (tremenda profesión), me inculcó la idea que ya he narrado. Estudia, trabaja, ten un sueldo, no dependas de nadie para vivir... Mi madre tiene 81 años, de modo que esta idea está arraigada en las mujeres de su generación. Pero, realmente, desde que no trabajo – por supuesto, asumo que tengo suerte porque soy pensionista y la prestación que recibo me permite mantenerme – me he dado cuenta del placer que supone para mí quedarme en casa, haciendo precisamente eso: mis labores.

No tengo hijos, si los tuviera aún me consideraría más privilegiada si cabe. Porque yo tuve a mi mamá en casa toda la vida, y eso no lo cambio por abuelos, vecinos, ni guarderías de alto standing. Imagino que cualquier mujer que sea madre opinará lo mismo que yo. Esto no significa que no haya espacio para mis amigos, mi familia, y mis actividades de ocio fuera de casa. Pero me ha dado libertad para cocinar, ya que adoro la cocina, y para trastear todas esas cosas que, actualmente, me tienen ocupada toda la jornada; la calceta, el ganchillo, otras manualidades. Y además, tengo tiempo para leer, buscar en internet esas cosas por las que siento curiosidad, y así mucho más. Estoy escribiendo un libro, estoy colaborando con un proyecto del Sergas...

Así que, en este momento de mi vida, y si hubiera sido posible, imagino que ya podría tener hijos adolescentes. Entonces, además de dedicarme a todas esas actividades – con menos tiempo, lógicamente – miraría a mis vástagos y pensaría que son de verdad parte de mí misma, porque yo los habría cuidado desde el mismo momento en que nacieron, y ese papel no adaptado a otros personajes, habría sido muy importante en mi vida. No único, por supuesto, pero sí grande...

Con todo esto, no quiero decir que no me volveré a embarcar en el terreno laboral. Por supuesto que no. Todos sabéis de mi proyecto Asociativo y mi compromiso con las personas que han pasado o están pasando lo mismo que yo. Pero en ese compromiso reside una especie de maternidad o instinto protector que ha hibernado en mi interior desde mucho tiempo atrás. Ayudar a los demás debería ser casi obligatorio, porque la vida, por desgracia, no es igual de benévola para todos.

Pues sí, queridos lectores. Tengo amigas que son “sólo” amas de casa. Y bien felices que las veo, y maravillosos hijos que han criado. Y conozco tambien mujeres, como yo, que no son madres – ya que la maternidad es una opción. Y algunas no podemos serlo, como otras han decidido no ejercerla – y tienen una vida rica y muy ejemplar, y me sirven cada día como ejemplo para muchos aspectos de mi propia existencia. Mi casa es mi reino, y estar en ella me produce muchas satisfacciones, y me vuelvo el ser más productivo del mundo cuando estoy en ella.

No soy menos mujer desde que no “trabajo fuera de casa”, ni menos culta. No ha mermado mi inteligencia, ni mi vitalidad; Mónica tenía razón cuando decía que lo de conciliar era ciencia ficción, y además he pensado que esa elección de hacer lo que uno quiere (ojalá y fuera posible para todos), te regala esa capacidad que nace cuando amanece y ves el primer sol de la mañana, y no puedes evitar sonreír. Es felicidad: la suerte de VIVIR con tanta intensidad que los días suman 24 horas más. Las dos vidas que yo comentaba. 140 años de tiempo para, de verdad, apreciar que hay muy pocas cosas que nos puedan robar la ilusión.

No dejéis de soñar. No dejéis de VIVIR. Ni de leerme. Gracias por estar conmigo un día más.

lunes, 15 de febrero de 2016

TU CEREBRO NO TIENE CORAZÓN

Buenos días a todos, resacosos de San Valentín... Lo que quizá no sabíais, es que el 14 de Febrero es el DÍA INTERNACIONAL DE LAS CARDIOPATÍAS CONGÉNITAS. Con toda la lógica del mundo, ya que San Valentín siempre se ha relacionado con el corazón, pero nadie ha pensado en una simple víscera sin atribuirle sentimientos...
Mi corazón y mi cerebro...un divorcio conveniente

Pues bien. Reconozco que yo era ese tipo de personas. Antes del trasplante pensé mucho en ello, y también leí mucho sobre el tema. Toda mi vida con un corazón imperfecto, pero lleno de buenos momentos, de grandes sentimientos, de recuerdos imborrables... ¿si voy a tener un recambio...qué pasará con el poso de las personas que he amado?. Deciros que era más una duda trascendental que un pensamiento lógico. Pero han aparecido personas que me han dicho que mi nuevo corazón traería impresos los recuerdos y vivencias del donante. Tamaña tontería. En Internet hay cientos de testimonios, muy al estilo peli americana de sobremesa, de personas supuestamente trasplantadas que, de golpe y porrazo, dicen experimentar eventos de una vida ajena.

Pero la ciencia es la ciencia. Y siempre que nos ponemos románticos, nos da una patada de realidad para hacernos comprender cuán ridículas son ese tipo de declaraciones. Por eso escribo este post, para que todos comprendan de qué va ese rollo metafísico que se atribuye a los sentimientos y capacidades del receptor tras el trasplante.

Cuando recibes un nuevo corazón, los médicos entran por tu tórax como el fontanero en tu cocina. Desconectan tu antiguo corazón y colocan el nuevo, y lo unen al sistema circulatorio por los grandes vasos (arterias principales y venas). Y ahí se termina el procedimiento... ¿Qué quiero decir con esto? Pues nada más - y nada menos - que los nervios que comunicaban tu viejo corazón con tu cerebro y cuerpo, quedan DESCONECTADOS. Se seccionan, se cortan. Tu corazón queda DENERVADO. Por lo tanto, tu cerebro pensante no habla con tu corazón nuevo, y viceversa.

Suponiendo que el corazón recibido guardase atribuciones al amor o a determinadas capacidades (tocar el piano, cantar como Pavarotti...), nada de eso lo heredarías, porque el nuevo inquilino se ha incorporado a la comunidad, pero los vecinos no se llevan con él. Así pues, queridos y queridas mías, y teniendo en cuenta que los recuerdos y las altas capacidades, o cualesquiera otra condición que tuviera mi donante, se han quedado en su cerebro, del mismo modo que mi sensibilidad musical, mi afición por la lectura, las personas que amo y he amado, están dentro de mi cerebro, y no han desaparecido cuando me extrajeron mi dañado corazón.

De manera que con este post queda aclarado que soy quien soy y quien era antes de la intervención. Tal vez, sí, una Cris mejorada, más feliz, con mayor capacidad pulmonar y más fuerzas renovadas pata vivir. Una Cris agradecida al gran milagro que supone recibir un nuevo corazón, mi Pepito, más sensible tras pasar por un nuevo capítulo de superación y supervivencia. Una Cris que ya no tiene una cardiopatía congénita, pero que aún se siente como tal.

Porque tal vez, y sólo tal vez, después de 42 años siendo esa mi condición, sea cardiópata congénita toda mi vida. Aunque sea por el recuerdo que mi pequeño corazón univentricular, ha dejado en algún rincón de mi cerebro. Nunca de mi nuevo corazón...

Feliz lunes, y feliz semana para todos. Gracias por estar ahí...

jueves, 28 de enero de 2016

UN NUEVO CAMINO

Han pasado poco más de dos meses desde aquel día de Noviembre que publiqué aquí mi último post. En realidad ni siquiera era un post al uso, sino más bien un parte, en el que os informaba de mi estado de salud, de mi entrada en la lista de espera de la ONT para trasplante...y poco más... ...y eso sucedía el 10 de Noviembre del pasado año...2015. Exactamente un mes después, recibí LA LLAMADA.
Es así. La llamada del hospital marca el pistoletazo de salida de todo el proceso del trasplante del órgano que ha sido destinado a ti. Sucedió poco después de mediodía del 10 de Diciembre, y me pilló a punto de empezar a comer. Nervios es lo primero que experimenté, pero ni siquiera en ese momento te puedes dejar llevar por tus emociones. Hay un protocolo que seguir, y debe hacerse tal cual lo has repasado mentalmente cientos de veces. No puedes permitirte ponerte histérica. Yo no lo hice... Con cierta prisa salí del restaurante donde estaba, despidiéndome de los amigos que allí estaban, con demasiados silencios y muchos TE QUIERO, además de deseos de SUERTE. Yo, en esos instantes sólo pensaba en el vacío, en mi estupidez previa, pensando que cuando llegase ese momento estaría preparada. No lo estaba...todo era extraño, nuevo para mí. Del restaurante a casa de mis padres, por la autopista, en ese día soleado, contemplé una y mil veces la Ría de Vigo. Confieso que ahí me sentía como el reo que cuenta sus segundos de vida; me preguntaba si se obraría el milagro y volvería a ver el horizonte de mi ciudad, que siempre me ha inspirado. Es triste despedirse de esa clase de cosas, cuando sabes que ellas ni siquiera se han percatado de que existes. En casa de mis padres me esperaban todos, mis padres y mis hermanos. La despedida, o el hasta luego, fue algo que podéis imaginar de muchas maneras. Me lo reservo porque es algo muy íntimo, y sólo os diré que abrazar a mi madre y separar mis manos de las suyas, fue el momento más difícil de mi vida, al menos de toda la vida que soy capaz de recordar. De camino al Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña (Juan Canalejo), supongo que me alcé como la ganadora Guiness en uso de telefonía móvil...whatsapps a toda mi gente, llamadas telefónicas a dos o tres personas, cambios de estado de Facebook y un contador a cero, que comenzó a funcionar en el preciso instante en que crucé las puertas del quirófano que me ha traído hasta este instante en que os escribo. Recibir un órgano vital y con tantas implicaciones emocionales como lo es el corazón, te cambia la vida. Fijjaos que, en mi camino a A Coruña, casi mi único pensamiento estaba con el donante y su familia. Otras personas desconocidas, al otro lado de este prooceso, estaban organizando un evento tan triste como lo es despedir a un ser querido. Y yo estraba a punto de recibir el corazón de esa persona, para volver a vivir. Qué paradoja tan triste del destino. No me he hecho preguntas sobre el/la donante. Sólo sé que su cuerpo pesaba 10 kilos más que el mío en el momento de la operación, y que era una persona generosa. Porque el gesto de la donación sólo puede proceder de una persona así. Sé que mi corazón, mi nuevo corazón, empezó a latir como un loco nada más ponerlo en marcha en mi interior, y sé que era un corazón precioso, cuidado, porque así me lo hicieron saber mis cirujanos. No os preguntéis más, porque yo tampoco lo hago. La ONT protege esa clase de datos, que, por otra parte, no necesito ni quiero saber. Su conocimiento no me aportaría nada. Sigo siendo la misma Cris, no tengo sueños extraños en los que aparezcan seres de una vida anterior, y lo único que siento es agradecimiento infinito y fuerza interior: toda la que me aporta mi nuevo inquilino, a quien he bautizado cariñosamente como "Pepito". Podría escribir mil cosas sobre esta experiencia a partir de hoy en mi blog. Y de vez en cuando lo haré. Pero todo el camino es una larga experiencia que llevo tiempo plasmando con mis dedos, tecleando lo que espero se convierta en un libro que pueda servir de ayuda a otros que están todavía en la casilla de salida. Al fin y al cabo, yo ya he recorrido el primer tramo, y éste merece ser contado. Todavía, por delante de mí, quedan meses de recuperación y puesta a punto de este tesoro tan grande que me ha sido otorgado. Hoy desde este escaparate de mi vida que es mi blog, quiero daros las gracias a todos los que habéis estado a mi lado en esta primera etapa del camino. Porque vuestros mensajes de ánimo me dieron mucha fuerza en los días de hospital, y en unas navidades lejos de mi familia y de todos vosotros... Por cierto...sigo soltera. Pero ya no soy cardiópata. Y ahora tocará cambiarle el nombre a mi blog y...no tengo la menos idea de cómo se va a llamar. ¡Se aceptan sugerencias! GRACIAS, DE CORAZÓN...